Antes de nada disculparme por haber tenido el blog tan abandonado, en Japón acabé por no encontrar el momento idóneo para escribir. Llegué a Vigo hace ya dos semanas y tampoco encontraba las ganas para seguir con el blog, creo que me da pena escribir sobre mis vivencias en Japón porque ya no estoy allí pero también me parece un bonito recuerdo, ¡así que allá vamos!

En el anterior post os conté que visité con Mireia y Karen el Palacio Imperial de Kyoto. Y antes de escribiros sobre mi siguiente día, creo que es importante contextualizaros mi situación en la academia de japonés. Os hablé de la dinámica de las clases en este post: Día 6- Primer día de clase.

Enseguida me di cuenta de que no estaba contenta en ese curso, sentía que estaba perdiendo el tiempo. Las clases estaban orientadas a un nivel muy básico, perdíamos tiempo con juegos y luego perdíamos más tiempo con las dos últimas clases de cada día, que se trataban de actividades culturales. Hablo de como me sentí yo, seguro que muchos estudiantes no sintieron esa pérdida de tiempo, yo sí porque quería un curso más intensivo. Las actividades culturales están genial pero yo prefería dedicar las cuatro horas a estudiar japonés.

Karen tampoco estaba contenta en su curso y pidió un cambio de clase y no hubo problema. Yo no quería tener que pedir el cambio, me daba vergüenza y además no quería que les pareciese mal, ya sé que es una tontería, fui yo la que pagué y la que tenía derecho a hacer un curso con el que me sintiese a gusto.

El día de la visita al Palacio Imperial di el paso y fui a hablar con los profesores, muy educadamente les dije que prefería hacer otro curso donde las cuatro clases fuesen de gramática, ejercicios, escritura… Se sorprendieron y me dijeron: ¡Pero en el curso que pides no hay actividades culturales! ¡Pero el curso que pides es más barato que el que estás haciendo! ¡No te devolvemos el dinero aunque te cambies!

Ya me daba igual, les dije que no importaba e insistí en ese cambio. Accedieron y me dijeron que de todas formas al día siguiente fuese a la clase normal donde estaba para que probase una vez más y que disfrutase de la actividad cultural de ese día que se trataba de la visita al Museo de Historia de Gion.

Hice lo que me pidieron, fui a la clase de siempre y después fuimos en metro hasta el distrito de Gion (祇園), famoso por sus geisha (芸者) y sus matsuri (祭, festival japonés).

La visita al museo no estuvo mal, la hubiese disfrutado más si las cartelas estuviesen también escritas al menos en inglés. Absolutamente todo estaba escrito en japonés y obviamente no tengo el nivel suficiente como para entender un texto en japonés sobre historia. De todas formas fue interesante ver los objetos antiguos que estaban expuestos y lo que más me gustó, sin duda, fue ver las ilustraciones. Es curioso porque aunque fuesen de hace cientos de años recordaban muchísimo a los dibujos de un cómic actual. Hacer fotografías estaba prohibido por eso no puedo enseñaros nada aquí.

En Gion aproveché para comprar un omiyage (お土産, souvenir)y una pincita para el pelo, es que en tiendas de cosas tradicionales siempre vendían unas horquillas muy bonitas y al final acabé comprándome unas cuantas.

Estas son las famosas horquillas para el pelo de las que me hice fan.

Después de la visita volví sola a casa, aquí vino el reto de ir sola en metro, algo que nunca había hecho ya que además siempre nos movíamos en tren. ¿Fui capaz? Sí, llegar llegué a mi casa, pero después de haberme subido al metro que me llevaba hacia la dirección contraria. Menos mal que me di cuenta pronto, bajé y pregunté a una empleada de la estación qué metro coger y no hubo problema, cogí el metro correcto y me sirvió el mismo billete que ya había comprado.

Antes de ir a casa paré en un supermercado para comprar algo de comer y de paso también quise comprar unos dulces de uva. La uva y el matcha (抹茶, té verde molido) son dos de los sabores que más veo en Japón, bebidas, chicles, caramelos, galletas, hay muchísimas cosas con sabor a uva y matcha.

Estos son los caramelos a los que me aficioné, concretamente a los de sabor a uva. La textura es como la del “sugus”.

Gastos:

  • Transporte (ida y vuelta): ¥420
  • Supermercado: ¥484 (croquetas de estilo japonés: ¥156, onigiri: ¥95, zumo: ¥89, caramelos de uva: ¥109, impuestos: ¥35)
  • Omiyage: ¥480
  • Horquilla pelo: ¥350

Total: ¥1734 (13,51€)