Ayer por la mañana fuimos de nuevo hasta el Kyôto Gosho, el Palacio Imperial. Estuvimos viendo un poco más de los jardines, son increíbles, y una vez llegamos al palacio empezó a llover a cántaros y decidimos aplazar la visita, así que solamente pudimos ver los jardines y los pequeños templos que hay en él (merece la pena).

Este es el muro que rodea el palacio.

Y esta es una de las entradas.

Y esta es una foto que me sacó Karen. Me gustan este tipo de fotos en las que salimos el entorno y yo, pero yo de espaldas (sin ironías).

Después de visitar los jardines del Kyôto Gosho, fuimos a un templo sintoísta que estaba justo al lado, el Goo Jinja, dedicado a los jabalíes y que se cree que sirve para curar cosas relacionadas con los pies y las piernas. Era muy bonito, todo con figuras de jabalíes.

En el templo había una zona para comprar omamori (お守り, amuleto japonés), pero a pesar de que son preciosos y tienen su significado de “protección”, me parecen un poco caros y no compré ninguno. De todas es algo que te puedes encontrar en cualquier templo, así que ya tendré más oportunidades de pensar en comprar algún omamori o no.

A la vuelta al fin decidí comprar un paraguas, ya que no hay un solo día en el que no llueva, me costó ¥500 (3.88€) en el conbini. Además compré un onigiri de atún y mahonesa para picar algo antes de ir a la fiesta de bienvenida de la academia.

A las 2 del mediodía nos presentamos allí, bueno, llegamos un poquito tarde y nos perdimos la presentación de los profesores. Nos juntaron a todos los alumnos en un aula y tuvimos que hacer una pequeña presentación en japonés. Es obvio que lo pasé fatal.

Después fuimos a la zona de la entrada y nos pusieron cosas para picotear y beber. Pero lo que más me gustó fue que habilitaron un aula para practicar un poquito de shodô (書道、caligrafía japonesa).

Al final de la fiesta pusieron las listas de alumnos y a qué clase pertenece cada uno.Hablaré de este tema en mi próxima entrada.

Cuando volvimos a casa, Yonbo-san y su marido (creo que nunca nos dijeron el nombre del señor) nos habían preparado la cena. Okonomiyaki  coreana, deliciosa.

Este matrimonio es un encanto, son muy atentos con nosotras y se preocupan por todo, es como si nos hubiesen adoptado (a pesar de que hoy les haya roto el colgador de toallas del baño -.-“). Al principio nos costaba bastante entender a Yonbo-san, sobretodo porque tiene un marcado acento coreano, y al menos yo, no estoy acostumbrada a ese acento. Cada día notamos como comprendemos más lo que nos dice, y estoy muy contenta con ello, la comunicación está mejorando bastante.